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7 de febrero de 1893  p.2

Cartas al Sr. Gobernador

Proyecto de un lavadero público, con habitaciones de alquileres para lavanderas y obreros


Podría V. E. dejar en Puerta Rico recuerdo interecedero si tomase iniciativa en una cuestión de higiene pública para esta Capital, que no nos explicamos como ha podido ser mirada con indiferencia por los que os han precedido en el Gobierno de la Provincia. 
Nos referimos á la necesidad de construir á extra muros de la Capital un lavadero público con habitaciones para las lavanderas y hasta para los obreros que quisiesen tomarlas en alquiler.

La mayor parte de las enfermedades que se desarrollan en esta Capital, es innegable que se deben á los lavaderos que existen en nuestras húmedas casas de vecindad casi nunca calentadas por el sol, y en corrales que no tienen por donde desaguar, pues apenas hay alcantarillas en la ciudad que respondan á esta necesidad de higiene pública. Aquí, en muchas casas—en la mayor parte de ellas,—es preciso guardar las aguas sucías y las ropas húmedas después de lavadas, dentro de las habitaciones estrechas y escasas de ventilación donde viven hascinadas las clases pobres.

A las once ó doce de la noche, cuando esas aguas son arrojadas á las calles (si se arrojan el mismo día y si no peor), la peste que se esparce por las vías públicas es indigna de la cultura, de la Capital de una provincia, y capaz de de desarrollar constantes enfermedades. Si cualquiera epidemia nos visitara encontrando en ese estado de descuido nuestra ciudad, se cebaría cruelmente, como, por causas un tanto parecidas, se cebó en Napóles el cólera hace muy pocos años.

Nosotros creemos que V. E. podría muy bien tomar iniciativa para que nuestro Ayuntamiento después de discutir esta necesidad, sacase a concurso el proyecto de un lavadero público, con habitaciones de alquileres para lavanderas y obreros por ejemplo en la 3.a Línea, cerca del puente de San Antonio, en el barrio de Puerta de Tierra, tomando por base una suma que no excediese de 150 mil pesos, que el Municipio podría obtener por medio de un empréstito al 7 % anual, amortisable en veinte anualidades que cada año serían nuevas.
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Otro día, es fácil que nos ocupemos con más detalles y números de este proyecto que hoy sometemos á la consideración de V. E., adelantando que construyéndose el dicho lavadero en la forma que lo indicamos, los alquileres de habitaciones darían con que pagar los intereses del dinero que se emplease para construir los edificios, á la vez que proporcionarían á las lavanderas habitaciones más decentes, más cómodas, baratas, higiénicas y ventiladas de las que hoy se ven en la necesidad de ocupar. Esas habitaciones podrían componerse de dos departamentos (sala y domitorio) y una pequeña cocina y corral. Las esquinas de los edificios que se construyesen, podrían alquilarse para tiendas de víveres que venderían las provisiones que consumiese la barriada.

Lo que indicamos, Excmo. Sr. nos es pensamiento nuestro ni nuevo, pues V. E. sabe que los lavaderos públicos han llegado a ser indispensables en las ciudades de alguna importancia en Europa y América. Con el .que debería tener Puerto Rico, no solamente ganaría muchísimo en aseo la ciudad, sino que el gremio de lavanderas que hoy se vé obligado a vivir en tan tristes condiciones higiénicas y en habitaciones tan mal sanas y estrechas, encontraría las comodidades que dentro de la Capital no puede encontrar.